jueves, 22 de diciembre de 2011

NOCHE DE PAZ, NOCHE DE GUERRA: La Navidad de 1914




En Diciembre de 1914 había quedado claro que la "guerra de unas cuantas semanas" a que tan confiadamente se habían lanzado los grandes imperios europeos aquél Agosto sería mucho, muchísimo más larga.


En efecto los planes alemanes de derrotar rápidamente a Francia antes de encarar a los rusos con toda su potencia se vino abajo por la empecinada resistencia belga (que en el Plan Schlieffen se consideraba como testimonial para salvar el honor), la rápida movilización rusa y su penetración en la Prusia Oriental y la recuperación francesa en el Marne.


Los franceses, por su parte, tras la fallida apuesta de su ofensiva en Alsacia-Lorena se vieron obligados a retroceder ante la marea alemana y solo pudieron rehacerse con elenemigo a las puertas de París, si bien debilitado por el traslado de tropas al Este para contener a los rusos.


Y los británicos, en suma, bastante tuvieron con replegar su pequeño pero eficiente cuerpo expedicionario después de la carnicería de Mons y Charleroi y cubrir el flanco izquierdo francés.


Aquella guerra, que tanto entusiasmo había despertado y que tantas muestras de patriotismo popular y esperanzas de un mundo mejor generara, había dejado de ser la heroica y breve empresa que se resolvería en una o dos batallas decisivas para convertirse en un interminable tete a tete de dos bandos separados por escasos metros de tierra de nadie y refugiado,cada uno, en un maraña de trincheras y fortificaciones.


De ese modo se llegó a las Navidades. Nadie hubiese imaginado aquello, ni los generales y los políticos que hablaban de estar en París o en Berlín en un mes, ni mucho menos los miles de combatientes que tras cuatro meses de lucha se veían ahora hundidos en el fango y viviendo entre ratas e inmundicias.


Y, en semejante ambiente, sucedió que los hombres volvieron a ser hermanos.






 Ocurrió de modo espontáneo. Un tácito alto el fuego en Nochebuena propició los tradicionales cantos que fueron coreados desde las trincheras contrarias. A las canciones sucedió el acercamiento: hombres ateridos de frío, fatigados y angustiados por la situación que estaban viviendo, salieron de las trincheras y, en la tierra de nadie, se intercambió calvados por 


schnapps y chocolate alemán por cigarrillos ingleses.  Se cantaron villancicos, se mostraron fotografías de los seres queridos e incluso se improvisaron partidos de fútbol.


Mas aquellas demostraciones de Humanidad, que se extendieron por todo el frente occidental tanto en los sectores francés como británico y alemán, lógicamente, no fueron del agrado de los altos jefes y estados mayores que, cómodamente instalados en confortables chateaus  muy alejados de los rigores del clima y de los combates, juzgaban aquellas manifestaciones como de falta de espíritu militar, carencia de acometividad y connivencia con el enemigo. De ese modo se tomaron medidas drásticas como el traslado de unidades enteras, la disolución de otras y, como previsión para Nochevieja, barreras de fuego de artillería que no dejaron lugar a dudas de que 1915 no sería un buen año.


Así termino aquella extraña tregua de 1914. Los hombres volvieron a matarse con saña pero ninguno de quienes protagonizaron aquellos episodios de genuina paz y hermandad olvidarían que, aunque fuese por unas horas, habían experimentado el verdadero sentido de la Navidad, cuyos buenos deseos lanzaron a quienes los azares de la Historia había convertido en sus enemigos:


                                                                                                 MERRY CHRISTMAS


                                                                                                  JOYEUX NOËL


                                                                                                  FRÖHLICHE WEIHNACHTEN



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